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Espesor masilla aplicar

Qué espesor de masilla aplicar según el hueco a rellenar

Qué espesor de masilla aplicar según el hueco a rellenar

Cuando reparas con masilla bicomponente, el grosor que pones no es un detalle de acabado: condiciona cuánto tarda en endurecer, si la pieza aguanta y si acabas con una capa cuarteada o con una reparación que dura años. Las masillas Nural tipo 34, 35, 36 o 43 se amasan como plastilina y, una vez curadas, se comportan como un sólido rígido. Eso significa que admiten espesores que un adhesivo líquido no toleraría, pero también que hay un rango razonable de uso para cada hueco.

Antes de hablar de milímetros, conviene tener claro qué estás rellenando. No es lo mismo tapar una fisura de pelo en una conducción que reconstruir el trozo que falta en el canto de una pieza metálica. Y tampoco se comporta igual una capa fina trabajando a cortadura que un taco grueso que soporta una carga puntual. Para orientarte sobre qué Nural encaja con cada material hay una guía aparte que puede ayudarte a decidir antes de empezar.

Huecos muy pequeños: fisuras, grietas y poros

Para grietas de pelo, poros y fisuras cerradas, lo que te interesa es que la masilla entre dentro y no se quede sentada encima. Aquí la clave está más en abrir la grieta que en apilar material: con una rasqueta o una lima haces un pequeño chaflán en V siguiendo la fisura, limpias el polvo y empujas la masilla hacia dentro con una espátula flexible.

En este tipo de reparación la capa útil suele ser de uno o dos milímetros. Si pones mucho más sobre una grieta cerrada, estás engañándote: lo que aguanta es lo que entra en la grieta, no el bulto que queda fuera. Una vez curado, lijas al ras y queda disimulado.

Para que la masilla agarre en estos espesores finos la superficie manda mucho más que el producto. En la nota sobre cómo preparar y limpiar la superficie antes de la reparación tienes el detalle: desengrasar, lijar para dar rugosidad y quitar el polvo del lijado. Sobre una superficie pulida y sucia, dos milímetros no van a sujetar nada.

Huecos medios: agujeros, mordeduras y rellenos planos

Cuando hablamos de agujeros de pocos milímetros, cantos mordidos, cráteres de óxido picado o rellenos para reconstruir una superficie plana, entramos en el terreno natural de estas masillas. Aquí sí tiene sentido trabajar con capas de varios milímetros, incluso un centímetro largo según la pieza.

El Nural 43, por ejemplo, está pensado para reparar objetos y piezas metálicas y la ficha del fabricante indica que admite capas gruesas. El 35 y el 36 reconstruyen materiales de obra y conducciones, no contienen disolventes y no alteran su volumen al endurecer. Esto último es importante: una masilla que encogiera al curar dejaría una cavidad bajo la superficie y la reparación se abriría por el centro con el uso.

En este rango, lo que tienes que vigilar es la planitud y el apretado. Amasas la cantidad justa (parte A y parte B en porciones iguales en longitud, hasta color uniforme), presionas el bulto contra el hueco empujando el aire hacia los lados y rematas con la espátula húmeda si quieres un acabado más limpio. Dejar la masilla un pelín sobresaliente te permite lijar luego a cota, que es más cómodo que intentar bordar el nivel con la masilla aún blanda. En la guía sobre cómo moldearla y lijarla una vez seca tienes el procedimiento con lima, lija basta y lija fina.

Huecos grandes: trozos que faltan y reconstrucciones

Cuando tienes que reconstruir una esquina rota, un trozo que falta en el canto de una pieza o un agujero amplio, el espesor deja de ser el problema principal y aparecen otros dos: la sujeción mientras cura y la forma final.

Para espesores grandes conviene trabajar por capas o apoyarse en un soporte. Una idea que funciona bien en agujeros grandes de saneamiento con el Nural 36 es aplicar un vendaje de malla metálica sobre el hueco y empujar la masilla contra la malla. La malla hace de armadura y evita que el taco se desprenda por su propio peso antes de curar. En reparaciones estructurales de metal con el 34 o el 43 puedes conseguir un efecto parecido fijando una chapa, un alambre o un tornillo que trabaje como alma de la reconstrucción.

Otra opción, cuando no quieres meter cuerpo extraño, es rellenar en dos o tres pasadas. Pones una capa, la dejas pasar su tiempo de manipulación, lijas por encima para dar grano y aplicas la siguiente. Entre capa y capa no hace falta que la primera esté totalmente curada, pero sí que haya cogido cuerpo y no se deforme al presionar. Ten en cuenta que el frío retrasa el curado: la ficha pide mantener la pieza por encima de +15 ºC mientras endurece y, en el caso del 35, no aplicar por debajo de +10 ºC. En el artículo sobre tiempos de trabajo, manipulación y endurecimiento está desglosado producto a producto.

Cuándo el espesor empieza a ser un problema

Hay dos situaciones en las que acumular masilla no te va a sacar del apuro:

  • Cuando la pieza tiene que doblarse, vibrar o trabajar a flexión. Estas masillas endurecen rígidas (el 34 marca Shore D 78 en su ficha). Si la unión necesita absorber movimiento, el remedio no es más grosor, es un producto flexible como un sustituto de junta a base de silicona. En la sección de sustitutos de juntas y selladores tienes los Nural pensados para eso.
  • Cuando la junta trabaja caliente. Las masillas epoxi aguantan hasta +150 ºC según ficha, pero en uniones con esfuerzo el fabricante recomienda no pasar de +70 ºC. Si tu pieza está cerca de una estufa o una chimenea, un espesor de masilla epoxi no va a resolverlo: ahí entra el Nural 30, formulado para altas temperaturas, que se aplica con otra lógica (apretado con espátula sobre superficie humedecida).

Qué pasa si te pasas de capa

El problema de poner un taco muy gordo de una sola vez no es que la masilla no cure (lo hace, aunque las temperaturas bajas lo retrasan). Además, mientras no has llegado al tiempo de manipulación, cualquier movimiento o apoyo sobre la masa marca huellas que luego cuesta lijar. Por eso, para reconstrucciones grandes, dos capas controladas trabajan mejor que un pegote. Si al rebosar queda masilla pegada donde no debía, en la nota sobre cómo quitar restos de adhesivo seco sin dañar la superficie tienes el método según el soporte.

En el lado opuesto, una capa demasiado fina sobre una superficie lisa falla por adherencia antes que por cohesión. Lijar la zona para dar mordiente, respetar la proporción de mezcla y amasar hasta color uniforme pesan más en el resultado que el milímetro arriba o abajo. En la nota sobre cómo mezclar un bicomponente está el porqué: una mezcla pobre deja zonas que nunca endurecen del todo, y eso en espesores grandes se nota aún más.

Para cualquier dato concreto (temperaturas, tiempos, materiales admitidos), lo que manda es la ficha o el envase del producto que vayas a usar, porque cada referencia tiene su carácter y las condiciones del taller cambian los tiempos.

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